¿Se escanea de verdad un QR impreso en 3D?
Sí, pero conviene entender por qué funciona, porque es justo donde fallan la mayoría de los códigos impresos. La cámara del móvil lee un QR por contraste, no por relieve. Un código impreso de un solo color no tiene contraste ninguno: se lee gracias a la sombra que proyectan los módulos, lo que significa que funciona con luz de lado y deja de funcionar bajo un plafón de techo.
Hay dos formas de arreglarlo. La fiable son dos colores: imprimir la placa con un filamento y el código con otro, ya sea como dos archivos que encajan o como un 3MF que una impresora multimaterial resuelve de una pasada. La otra es grabar el código y rellenar el hueco con pintura o resina. Las dos dan negro sobre blanco de verdad, y las dos se escanean como debe escanearse un código impreso.
El segundo factor es el tamaño. Un módulo —cada cuadradito del código— debería medir al menos 1,2 mm para un móvil normal. La herramienta te enseña el tamaño del módulo mientras cambias la placa y te avisa cuando bajas de ahí, porque una placa de 25 mm con una URL larga da módulos de menos de medio milímetro que ninguna cámara resuelve.
Imprimir un QR de WiFi que funcione
Un código QR de WiFi no es la contraseña escrita en forma de código. Es una cadena concreta que le dice al móvil el nombre de la red, el tipo de seguridad y la contraseña en un formato que el sistema operativo reconoce, de modo que al escanearlo se ofrezca a conectar en vez de limitarse a mostrar texto.
Hay tres detalles que lo rompen más que ninguna otra cosa. El tipo de seguridad tiene que coincidir: WPA vale para WPA, WPA2 y WPA3; una red abierta necesita su propio ajuste y ninguna contraseña. Los caracteres especiales del nombre o la contraseña —puntos y comas, dos puntos, comas, barras invertidas— son separadores del formato y hay que escaparlos, o el móvil lee la cadena cortada por donde no debe. Y una red oculta tiene que marcarse como oculta, o el móvil buscará una red que no puede ver.
La herramienta se ocupa de los tres. Tú rellenas los campos y ella construye la cadena. Escanea la vista previa con tu propio móvil antes de imprimir: es la única prueba que cuenta.
Corrección de errores: qué nivel elegir
Todo código QR lleva datos redundantes para seguir leyéndose aunque una parte esté dañada. Hay cuatro niveles —L, M, Q y H— que recuperan aproximadamente el 7%, el 15%, el 25% y el 30% del código.
Más corrección no sale gratis: densifica el código, así que al mismo tamaño de placa cada módulo se hace más pequeño. En una pieza impresa ese cambio se vuelve en tu contra sorprendentemente rápido. Una vCard en nivel H puede dejar una placa de 60 mm con módulos por debajo del milímetro, lo cual es peor para escanear que las rozaduras de las que la corrección extra te protegía.
La M es el valor correcto por defecto para un código impreso. Sube a Q o H solo para una pieza que vaya a sufrir —un llavero que viva en un bolsillo— y solo si puedes permitirte el tamaño extra que hace falta para mantener los módulos por encima de 1,2 mm.
Ajustes de impresión
Imprime la placa plana sobre la cama, con el código hacia arriba. No hacen falta soportes en ninguna de las opciones: la anilla, el hueco del imán y la peana están diseñados para imprimirse sin ellos.
Con capas de 0,2 mm sobra. Con el código en relieve a 1,2 mm de altura son seis capas de módulos, que es más definición de la necesaria. Bajar de ahí cuesta tiempo y no gana nada que una cámara pueda ver.
Para la versión a dos colores, una impresora de un solo extrusor lo resuelve con un cambio de filamento: imprime la placa, pausa en la capa donde empieza el código, cambia la bobina y sigue. El laminador te mete la pausa. En una multimaterial, usa el 3MF: los colores ya vienen asignados a cada hueco de filamento.
Si grabas el código y piensas rellenarlo, deja el hueco de al menos 0,6 mm de profundidad y espera a que la pintura seque del todo antes de enrasar la superficie.